Esencial para la vida Sólo recientemente -1972- se ha reconocido al silicio como esencial (Murray, 1996). El silicio forma parte de los oligoelementos, es decir los elementos minerales que a pesar de presentarse en pequeñas cantidades en el cuerpo son, sin embargo, indispensables para la salud y la vida. Ya se han identificado bastantes oligoelementos esenciales (Scholz, 1987): vanadio, molibdeno, magnesio, hierro, cobalto, níquel, cobre, zinc, selenio, estaño, yodo, flúor y silicio. Un oligoelemento (o un mineral) es considerado esencial si: • su carencia produce una alteración funcional en el organismo • si su presencia es importante para el desarrollo • si los síntomas patológicos generados en los diversos tejidos se asocian con una disminución de dicho elemento en esos tejidos. • Si se observa un retorno al normal funcionamiento orgánico y una normalización del desarrollo después de aportar (en cantidad y calidad adecuados) el elemento faltante (Tolonen 1995; Calcagni 1984) Experimentos sofisticados, realizados sobre los efectos de la carencia de silicio en ratas y pollos jóvenes llamaron la atención acerca de las consecuencias de dicha carencia sobre el desarrollo del tejido conjuntivo y el desarrollo óseo. A partir de ahí se amplió el estudio de la función del silicio en el tejido conjuntivo, aunque no sólo abarca funciones de crecimiento y de sostén sino también de defensa, según veremos más adelante. Veamos algunos estudios (citados por Calcagni 1984): Una reducción significativa del crecimiento de las ratas resultaba de un régimen deficiente en silicio. La estructura del cráneo y la pigmentación de los incisivos se veía afectada. La adición de 50 mg. de silicio por cada 100 gr. de alimento corregía los problemas (SCHWARZ, 1970). Varias investigaciones de la profesora Edith Muriel Carlisle (1972/1974/1976) han puesto de manifiesto que el silicio desempeña un papel activo en el metabolismo de los huesos. En un experimento bajo su dirección se eligieron pollos (dado su desarrollo esquelético acelerado). Se les sometió a un régimen pobre en silicio, y se les dividió en dos grupos uno de los cuales recibía un suplemento de silicio equivalente a 100 ppm. de su dieta (bajo la forma de meta silicato de sodio). Se observaron notables diferencias entre ambos grupos. En los pollos exentos del complemento del silicio se produjeron: - Los metatarsianos relativamente flexibles - Huesos más cortos en las patas. - Los huesos de la tibia y del fémur frágiles - El pico era flexible y faltaban los carunculos - La cresta poco desarrollada - En su comportamiento eran esquivos - Tenían un cortex ligero - Tenían en promedio un peso 30% menor que los pollos que recibían el suplemento de silicio. Un estudio más detallado de los huesos y de las crestas de estos pollos en comparación con los mismos tejidos de aquellos animales que sí recibieron silicio arrojó resultados aún más interesantes: Se observaron grandes diferencias en la composición del hueso, siendo la más significativa una reducción del contenido de agua en las tibias y los fémures de los pollitos con dieta pobre en silicio. La deficiencia de agua podía llegar hasta un 35%. Tomando en cuenta que el principal componente ligado al agua en los cartílagos es un mucopolisacárido, se llevó a cabo, adicionalmente, un estudio de la composición de los cartílagos de estos animales. Se obtuvieron cartílagos de las tibias de los pollitos. Se observó en los animales que sí recibieron un aporte de silicio, no sólo una mayor cantidad de cartílago sino también una mayor proporción de hexosamina (un mucopolisacárido) (Dra.Carlisle). En el estudio de las crestas se confirmaron estos resultados: las crestas de aquellos animales que sí habían recibido silicio contenían cantidades más importantes de tejido conjuntivo y de hexosamina.
Por otra parte se observaron anomalías en la formación del cráneo de los pollos con dieta pobre en silicio: se producían cambios en la arquitectura craneana y este se mostraba más frágil y más pequeño. Los exámenes con rayos X, y los estudios histológicos demostraron una disminución de la calcificación, menor cantidad de colágeno y una trabécula empobrecida (Carlisle). En experimentos realizados en la Universidad Estatal de Letonia en el Centro de Bioquímica Experimental, se ha observado que tras la administración de silicio a ratas y a pollos de temprana edad, el crecimiento ha aumentado entre un 25 y un 50%. Los descubrimientos acumulados en las últimas décadas del siglo XX han demostrado que el silicio resulta determinante para el desarrollo ponderal y que se comporta como catalizador de la fijación por parte del organismo de algunos oligoelementos como el azufre, el fósforo y el calcio, determinantes para el desarrollo óseo. Hoy está claro que el silicio está implicado profundamente en la formación del hueso, en el completo desarrollo del tejido conjuntivo y del tejido articular, impidiendo su degeneración y contribuyendo a conservarlos en los adultos y en personas de avanzada edad.

|